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El camino hacia un Estado abierto

PARA LA NACION
Viernes 19 de mayo de 2017
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El argentino no se identifica con el Estado. Ello puede atribuirse al hecho general de que el Estado es una inconcebible abstracción; lo cierto es que el argentino es un individuo, no un ciudadano. Aforismos como el de Hegel: "El Estado es la realidad de la idea moral", le parecen bromas siniestras. Esto fue escrito por Jorge Luis Borges en 1930 y mantiene vigencia porque el Estado sigue percibiéndose como una abstracción. Esta tara cultural se completa, por un lado, con la entronización de la política como lucha encarnizada por espacios de poder personal y subestimación de la política como accionar noble para afrontar conflictos que deben resolverse democráticamente y, por otro lado, con el menosprecio de la administración de los recursos públicos, es decir, de la gestión.

Debería hacerse docencia sobre cuestiones cívicas básicas, que no son abstracciones, porque de ellas derivan bienestar o sufrimiento colectivo: el Estado es el conjunto de instituciones que regula el funcionamiento de una sociedad dentro de un territorio determinado. Las instituciones son las reglas de juego que se da esa sociedad para paliar las incertidumbres de la vida en común y son también los mecanismos para hacer cumplir esas reglas. Estado y gobierno no son sinónimos. El gobierno tiene a su cargo, en forma temporal, la administración de las instituciones que conforman el Estado. El gobierno debe gestionar de manera adecuada esas instituciones para ser promotor de desarrollo económico y equidad social, características de una democracia de calidad. Entre el Estado y la gestión está la política; la buena política proyecta al Estado, jerarquiza la gestión y desarrolla un país; la mala política degrada las tres cosas. Hace tiempo que venimos barranca abajo por descuidar estos temas. ¿Podríamos retomar la carrera? Estamos ante una nueva oportunidad.

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible aprobada por Naciones Unidas en 2015 proyecta mejoras a nivel mundial en lo económico, social y ambiental. Una estrategia para el cumplimiento de esos objetivos es el gobierno abierto; muchos países están adoptando esta modalidad y transitando hacia una nueva cultura en la gestión de los asuntos públicos. Cuando hablamos de gobierno abierto estamos hablando de algo más que del uso intensivo de las nuevas tecnologías, estamos hablando de la transformación de gobiernos y administraciones.

En aplicaciones exitosas de Gobierno Abierto se aprecia el círculo virtuoso de cuatro elementos que permiten ir más allá y acceder al Estado Abierto: innovación, integración, implementación y evaluación. La innovación es la puesta en marcha de acciones creativas para mejorar procesos y aumentar la eficiencia y eficacia en la prestación de servicios públicos. A la innovación debe sumarse la integración de políticas y coordinación entre diferentes estructuras gubernamentales para luego pasar a la implementación, es decir, a hacer operativo un plan, habitualmente contenido en el marco de una norma. Para completar el círculo deben realizarse evaluaciones para reiniciar, replicar y mejorar lo actuado. Innovación, integración, implementación y evaluación son pilares de un Estado Abierto para consolidar una administración al servicio de la ciudadanía y cumplir los objetivos de la Agenda 2030.

El Estado será abierto cuando, además del Poder Ejecutivo, se incorpore el Poder Legislativo (Parlamento abierto), el Poder Judicial (justicia abierta) y los niveles de gobierno subnacional y local (municipio abierto). Es un proceso no exento de tensiones, pero, superadas, podremos transitar hacia el país que soñamos. Ha llegado la hora de hacer de la administración un sistema experto amigable, orientado a la comunidad y a una inclusión amplia que ofrezca libre acceso a la información pública como requisito para facilitar los controles y desarrollar las competencias cívicas inherentes a la convivencia democrática.

El plan de modernización del Estado que actualmente se está llevando a cabo en nuestro país es novedoso no sólo por el contenido, sino por el hecho de que tiene apoyo económico y político. Además, es ejecutado por una dependencia estatal de rango ministerial. Si los cambios se realizan con visión sistémica, buena política, gestión eficiente y colaboración con otros actores sociales, el futuro es promisorio. Esperemos que así sea.

Miembro del Comité de Expertos en Administración Pública de las Naciones Unidas

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