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Una noche entre graffitis y tragos

Vecinos, bartenders y performers se cruzaron en una semana dedicada llevar la coctelería a otros públicos

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PARA LA NACION
Viernes 19 de mayo de 2017 • 13:46
BA Coctel
BA Coctel.
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Señoras canosas con amplias camperas cargando cancheros bolsitos serigrafiados, parejas jóvenes, chicas solas en bici o a pie, vecinos del barrio, bloggers trendy e incluso una familia con cochecito y bebé, más el ocasional transeúnte curioso, todos prestan atención a la guía de Graffitimundo y son algunas de las postales que se pueden encontrar esta primera jornada del Ba Cóctel (que termina mañana sábado). Así, haciendo frente al frío en un domingo en donde el sol todavía no se ha dignado a aparecer, un grupo numeroso sigue el tour AVC (Amo Villa Crespo) del Graffitti, avalado por Cynar y organizado en el marco de esta semana de la coctelería, maridando lo mejor de dos mundos que se están encontrando cada vez con más frecuencia: el arte y la coctelería.

El recorrido de este primer día, pensado para hacerse a pie y guiado por una especialista en arte callejero, nos lleva por las esquinas y rincones de Villa Crespo. Los protagonistas son AVC, una publicación de distribución gratuita y autogestiva que tiene por objetivo tender redes entre vecinos y difundir proyectos barriales, Graffittimundo, una ONG que apoya y promociona la escena local de arte urbano y los esfuerzos individuales de los artistas, y finalmente Ba Cóctel, un evento que nació hace tres años y que quiere acercar la cultura de las barras y de la coctelería a más gente. Como coletazo del boom general que la gastronomía tuvo en nuestro país en los últimos años, la coctelería también está viviendo su segunda era dorada (la primera fue en la década del 30’). Pese a esto todavía hay una percepción de que éste es un programa de nicho o para públicos específicos, que eventos como éstos se proponen -y están logrando- desarmar.

En la calle el grupo avanza ligero, la gente pregunta, saca fotos, algunos charlan con la entusiasta guía, otros hablan entre sí anticipando la llegada al final del recorrido que culmina en el Café Santé (otro reducto creativo y gastro del barrio) con un espacio para degustar y aprender a hacer ape-ritivos, boombox en la calle y stencil en la vereda para conocer el proceso. El paseo nos lleva por distintos murales de artistas como Pum Pum, Jaz, Ever, Gualicho o Huyro. Este último, realizado sobre una pared a la que no muchos le prestarían atención, muestra unas mujeres en blanco y negro todas con el mismo rostro que podrían ser amas de casa, levantando un auto dado vuelta. En frente y en casual simetría un auto abandonado y destartalado muy similar al del graffitti sirve de a apoyo para los que se trepan a tomar fotos o escuchar mejor. Las referencias sobre la labor -muchas veces no reconocida- de las mujeres en el hogar no pasan desapercibida, mientras muchas de las presenten asienten en silencio. A lo largo del paseo van asomando por los muros hombres con torsos desnudos que se encuentran en un abrazo de lucha, princesas naive en colores pasteles, animales varios, parejas con máscaras de gas y hasta un dictador Chino. Ya en el Lab montado en el local una señora pregunta cuánto dura el almíbar en la heladera, una pareja aprender a hacerse un cynar julep por primera vez, y un vecino disfruta del suyo al ritmo de Army of Dub, la banda amiga convocada para ponerle onda a la tarde.

BA Coctel
BA Coctel.

El bar como reducto social y punto de encuentro se revisa, resignifica y transforma hoy día en la capital porteña y otras ciudades del país, con más programas que apelan, un poco por cierta saturación en la oferta misma de los lugares y otro poco para sorprender a un público más exigente, a cruzar disciplinas que no tienen a priori que ver con la coctelería o la gastronomía. Mientras el boliche queda para los jóvenes, el bar y la costumbre del cóctel acaparan un público cada vez más masivo, amparándose en las modas del momento (del after office mutado y el furor del aperitivo) al espíritu de rescate de viejos espacios (cafés notables y bares históricos que vuelven a la vida). ¿Estrategia de marketing con trasfondo sociocultural o verdadera pulsión por llevar el arte y el patrimonio gastronómico a otras audiencias y lugares? ¿Realmente importa?

Esa misma noche, en Suspira Resplendoris, un nuevo bar cinéfilo del barrio inspirado en el imaginario de los films de terror clásicos desde Dario Argento a David Lynch, se lleva a cabo un evento que rinde homenaje a éste último y está tematizado con Twin Peaks. Convocado por el colectivo Chicas Barmaid para el Ba Cóctel, el evento fusiona, nuevamente, arte y cócteles, prometiendo una noche alocada en lo que fuera aquella mítica discoteca de los 80s famosa por sus fiestas que también combinaban teatro y música: La Nave Jungla. Aquí, la elegante barra que remite a escenas de The Shinning está copada por barmaids -una nueva generación de bartenders mujeres que viene a renovar la escena local con desfachatez y ganas- que sirven brebajes “performáticos”, mientras en el segundo piso se desarrolla una intervención que incluye cócteles improvisados en bolsas, estatuas vivientes, enanos, actores y visuales a tono. El público, un mix heterogéneo de habitués y novatos, mira entre fascinado y desconcertado. “Queríamos algo diferente de lo que se hace en todos los bares ahora, que para mí son muy parecidos, más "avant garde”, con un ambiente más dramático y mayor sensualidad”, explica sobre la gesta del bar Je-remie Moncomble, uno de los dueños de Suspiria, que también se inscribe en la incipiente tendencia de bares temáticos en la ciudad.

Quizás tanto el ambiente del arte como el de la gastronomía puedan ayudarse a superar los propios desafíos en una alianza estratégica: con una disciplina acorralada por la saturación experiencial y el shock informático del nuevo milenio que busca superar la aparente sequía creativa por un lado, y un sector que debe hacerle frente a la crisis económica, la competencia y cierto prejuicio de ser elitista por otro.

Espacios para resurgir valores barriales, exponer arte, enseñar y aprender o simplemente escandalizar, las propuestas de esta semana fueron variadas. Detrás de iniciativas como ésta la misión de compartir y difundir la coctelería, promoviendo el encuentro con otros como potencial fórmula mágica y regeneradora para contrarrestar la rutina. O como el escritor J.R Moehringer lo describe en su libro “El bar de las grandes esperanzas”: “Íbamos cuando no sabíamos que necesitábamos, con la esperanza de que alguien nos lo dijera. Íbamos a buscar amor, sexo, líos, o a alguien que estuviera desaparecido, porque tarde o temprano todo el mundo se pasaba por allí. Íbamos, por sobre todo, cuando queríamos que nos encontraran”.

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