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Ambos llevaban una doble vida, pero sólo uno se animaba a dejarlo todo por amor

Se conocieron cuando ella tenía 15, fueron novios en la adolescencia pero la vida los distanció y cada uno formó su familia; nunca dejaron de verse, ambos llevan una doble vida y pelean por un sentimiento que el tiempo no les deja olvidar

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Señorita Heart
Viernes 15 de diciembre de 2017 • 00:45
Foto: Pixabay
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Los presentaron en agosto de 1995 cuando ella tenía 14 años. Ya habían cruzado algunas miradas camino a la escuela porque, en el pueblo donde vivían, todos se conocían. Pero hasta ese momento todo se trataba para Sofía de fantasear con el chico lindo del barrio que, ahora, también la miraba con ojos de enamorado. Hasta que un buen día él, decidido, le robó su primer beso. "Cumplí mis 15 ya siendo su novia. En realidad él nunca me lo pidió, sino que me lo hizo sentir. Caminábamos de la mano y así transucurrieron los años. Él fue el primero en todo en mi vida. Me enseñó todo lo que sé y, gran parte de lo que soy ahora, se lo debo a él", asegura. Pero ese amor de la adolescencia pronto se convirtió en un capricho de jovencita que ya no tenía sentido y Sofía decidió terminar con la relación al poco tiempo para salir al mundo y conocer nuevas experiencias.

Pasaron los meses. De vez en cuando se reencontraban y esos instantes les recordaban que, para sus corazones, el tiempo simplemente no había pasado. Se miraban extasiados, se besaban y abrazaban como lo habían hecho años atrás. "Un año más tarde, cuando yo ya estaba de novia con mi actual marido y él también tenía una relación, decidí jugarme por mi amor y volver con Pablo. Estaba muy claro que los sentimientos y la química que aún teníamos era especial", dice Sofía.

Pero la ruptura con su novio de entonces tuvo su precio y fue alto. Una tarde, cuando estaba trabajando en un comercio sobre la avenida principal, Sofía recibió la inesperada visita de la ex novia de Pablo. "La mujer resultó ser la más astuta de todas: se encargó de que la atendiese yo para refregarme que estaba embarazada de Pablo y que iban a ser muy felices con la familia que estaban formando. Ese fue el peor día de mi vida. Lloré tanto, tanto... sabía que lo nuestro no tenía retorno". Desde entonces dejaron de buscarse y los caminos de la vida se encargaron de separarlos, una vez más.

Un puente como testigo

No se vieron durante cinco años, aunque intercambiaban mensajes, llamados e incluso concretaron algún encuentro oculto para saludarse por cumpleaños, celebraciones de fin de año o para recordar el día en que se habían conocido. Los años siguieron pasando pero los sentimientos no cambiaron.

El año pasado Sofía y Pablo finalmente volvieron a estar juntos. Se enamoraron perdidamente de nuevo "hasta el punto de estar más unidos y pendientes que antes. Fueron nueve meses de amor, de pasión y de entrega completa. Siendo ya una mujer casada, con Pablo me sentía como una adolescente. Todos los días nos escribíamos a la mañana para saludarnos, después nos contábamos lo que hacíamos y estábamos atentos a lo que cada uno sentía. Aunque al principio nos veíamos cada 21 días ya luego el cuerpo y el corazón fueron pidiendo más: estar juntos se convirtió en un vicio y no podíamos romper ese círculo de necesidad mutua", confiesa ella.

Era enero y habían pensado el plan perfecto para poder verse sin levantar sospechas. Todas las tardes se encontraban a orillas del río mientras los hijos de cada uno jugaban al aire libre. "No podíamos estar físicamente juntos en esos primeros momentos, pero el hecho de vernos -aunque fuera a dos metros de distancia- hacía que todo valiera la pena. El tiempo se detenía y sólo existían las miradas y los mensajes de whatsapp donde nos decíamos las ganas que teníamos de tocarnos", recuerda Sofía. Mientras, un puente era testigo de las miradas más intensas y apasionadas que podían cruzarse entre dos almas, como cuando eran jóvenes.

Cuando encontrarse de esa forma no fue suficiente, idearon otro plan. Pasaban por la puerta de sus trabajos, se miraban y sonreían. Y luego acordaban encontrarse en un hotel alojamiento. "Eso fue, tal vez, el error más grande: dejarnos llevar y demostrar lo que sentíamos. Mi marido jamás sospechó nada. Muchas veces me sentí mal: por mi familia, por mis sentimientos, por mi doble vida pero lo amaba tanto, con Pablo me sentía completa y la opinión del resto no me importaba", asegura ella.

Sofía quiso que ese amor tan intenso que sentía por él quedara registrado y se tatuó en el cuerpo el símbolo del infinito con unas mariposas. Pero ese pequeño acto de valentía fue demasiado para Pablo y, asustado, se echó para atrás. "Tenemos que bajar un cambio, nos vamos a mandar una macana muy grande", le dijo y decidió terminar con la aventura. "Me rompió el corazón pero con los meses fui ententiendo que me dejó por su familia, su mujer y sus hijos. Creo que no tuvo el valor de luchar por lo que sentíamos. Yo estaba decidida a separarme y empezar una vida con él y mis hijas. Hoy tengo 37 años, los meses siguen pasando y ahora sólo intercambiamos algunos mensajitos para saber el uno del otro. Pero mi historia de amor no fue con final feliz: él está con su familia y yo con la mía...con el corazón roto pensando en él como hace 22 años".

Si querés que la Señorita Heart cuente tu historia de amor en sus columnas, escribile a corazones@lanacion.com.ar

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