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A orillas del Mondego, el vino verde y un posgrado fueron la fórmula perfecta para el amor

Se conocieron en Portugal mientras cursaban un posgrado; él se enamoró perdidamente de ella y se animó a robarle un beso, para empezar la historia

PARA LA NACION
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Señorita Heart
Viernes 29 de diciembre de 2017 • 00:10
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"Yo era medio bruto pero creo que mi osadía de haber ido a hacer un posgrado a Portugal sin hablar portugués la conquistó", dice Luis entre risas mientras recuerda esos meses fríos en aquel país donde recreó una historia de amor con aires medievales.

Era diciembre de 2013, ya había pasado la Navidad y el año nuevo traía novedades para este joven de 27 años que había decidido ampliar sus conocimientos con un posgrado sobre resolución de conflictos que ofrecía la Universidad de Coímbra, en Portugal. El campus histórico de la institución, declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad, iba a ser el escenario donde los politólogos Luis y Natalia estaban destinados a conocerse. "Estaba dispuesto a pasar un invierno lluvioso antes de incorporarme a las clases de posgrado. Como buen porteño, no tuve problemas para adaptarme a las melancolías del clima y del fado. Y, sin esperarlo quedé inmediatamente fascinado con un romanticismo medieval de aire shakespeariano que invadía cada rincón de la ciudad. Creo que el ambiente me estaba preparando para lo que iba a vivir más adelante", dice con una sonrisa.

Natália demoró unas semanas para incorporarse a las clases. Acababa de finalizar una experiencia como pasante en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Ginebra. Llegó con los soles que anuncian la primavera pero con un detalle que el osado Luis aprovechó: no tenía tinta en su lapicera y esa fue la excusa perfecta para que el porteño se animara a hablarle. Y, como buen estratega, efectivamente logró prestarle una lapicera, que todavía conserva como recuerdo de aquellos días felices. "Fue un flechazo inmediato. Todo el ambiente contribuía a mi fascinación con Natália. Las parejas de alumnos con capas negras, los novios a la luz de las velas en las tabernas pero, sobre todo, la ubicuidad de las historias de amor. Entre ellas se destacaba una leyenda del siglo XIV relatando el amor imposible entre el príncipe Dom Pedro y la plebeya Dona Inês", cuenta él.

Entre muchas dudas e inseguridades, finalmente Luis tomó coraje -con un poco de ayuda del típico vino verde portugués y unas ginjinhas o licor dulce de guindas – y pudo robarle un beso en una reunión con todos los condimentos de un forró brasilero que habían organizado los amigos brasileños de Natália. “Deixa Acontecer” de Grupo Revelação sonaba de fondo. Pero no quería parecer un loco de amor y se hizo el desinteresado por unos pocos pero largos días hasta que la invitó a una primera cita a las orillas del Mondego.

Conversaron, cruzaron a medias el puente que lleva a la fuente de los amores, donde la pasión de Inês y Pedro había transcurrido siete siglos atrás. "Como dicen en portugués, comenzamos a namorar. Y, un año más tarde, fue en la magia gótica de esos mismos jardines donde decidimos que queríamos formalizar la relación y vivir juntos". Ella se mudó a Buenos Aires primero. Seis meses más tarde él la siguió a Hamburgo (Alemania) y a Maputo (Mozambique) por un año. Finalmente ella haría lo propio para instalarse en South Bend, Indiana, donde viven ahora.

Su romántica historia de amor tuvo la frutilla del postre cuando se casaron: fue el 7 de enero del año pasado en Monte Sião, Minas Gerais, la ciudad natal de Natália. "A pesar de las fricciones futbolísticas entre los invitados, y para la probable decepción del lector, no hubo ningún duelo. Pero la ceremonia sí fue bastante romántica. Mis mejores amigos de Argentina con sus novias fueron para allá, así como mis padres, mi hermano, y mi padrino. En la ceremonia sonó la música de Cinema Paradiso de Ennio Morricone. Luego, mis padres por un lado y los padres de ella por el otro, encendieron una vela simbolizando la nueva llama de nuestro amor, cada uno leyó sus votos e intercambiamos alianzas. Todo a la luz de las velas, y al aire libre, sobre el morro.

Terminamos bailando un tango y saliendo con un fusca, que es el auto más típico de la región en donde nos casamos. Dentro de poco vamos a celebrar nuestro segundo año de casados, y por primera vez, bajo la nieve del Midwest, qué algo tiene de romántico también", concluye Luis.

South Bend, Indiana, donde viven actualmente
South Bend, Indiana, donde viven actualmente.

Si querés que la Señorita Heart cuente tu historia de amor en sus columnas, escribile a corazones@lanacion.com.ar

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