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Dilema del corazón; una gran oportunidad profesional o renunciar a todo por amor

Él era estructurado y tenía su futuro planificado, ella, en cambio, era simple y de espíritu libre; cuando la vida los cruzó la atracción fue tan intensa, que sus mundos se vieron alterados para llevarlos hacia rumbos insospechados

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Señorita Heart
Viernes 05 de enero de 2018 • 00:50
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Nadie hubiera creído que Eduardo y Lupe estaban destinados a cruzarse en la vida. Ella, tan aventurera, era un espíritu convencido de que podía vivir en cualquier parte del mundo; a él, en cambio, la idea del desarraigo le costaba. Y mientras que Lupe, tan sencilla y soñadora, improvisaba y disfrutaba de las cosas simples de la vida y de todo aquello que la hiciera feliz en el momento, Eduardo, se despertaba preocupado por el bienestar del mañana, el buen pasar económico y la perfección. Sin embargo, así de dispares como eran, la vida encontró la forma de unirlos.

Todo comenzó en Panamá. Lupe había llegado a esas tierras para buscar trabajo, viajar y conocer otras miradas alejadas de su Córdoba natal. Eduardo, en cambio, había viajado con el objetivo de reunirse con el director regional de la empresa multinacional para la cual trabajaba y conversar acerca de una oportunidad única para cubrir un puesto en la sede matriz en Alemania.

Coincidieron por una casualidad, cuando un conocido en común que había llegado a Panamá trajo yerba, dulce de leche, alfajores y alguna carta para Lupe. Esa encomienda, que fue entregada justo en la casa en la cual Eduardo se estaba alojando, les cambió su suerte.

"Ella entró al departamento y el flechazo fue instantáneo", recuerda Eduardo. "Con la excusa de que yo era un recién llegado a Panamá, le pedí si me podía acompañar a tomar algo alguna noche ya que yo no sabía para dónde ir. Esa salida se transformó en algo diario."

Con la cabeza o con el corazón

La entrevista laboral de Eduardo resultó un éxito, pero algo en su vida había cambiado para siempre. Ya de regreso en Buenos Aires y lejos de los días mágicos en Panamá, creyó que sus planes de vida se reencausarían hasta encontrar su espacio correcto. "Pero me di cuenta de que lo único que me importaba era estar con ella", explica Eduardo, "Nos habíamos visto en marzo del 2006 y ella volvió de visita por dos semanas a Argentina ese septiembre. Esos días estuvimos todo el tiempo juntos y fuimos a Embalse a conocer a su familia. Enamoradísimo, en ese viaje le prometí que pasaría las fiestas en Panamá con ella".

Pero Eduardo fue mucho más lejos. Al llegar diciembre, vendió lo que tenía en el departamento, su auto, renunció a su trabajo, hizo las valijas y dejó todo atrás. "Mi familia y amigos lo vieron como un delirio. No le encontraban el sentido a que me fuera a vivir a Panamá, cuando acá tenía un buen trabajo, mis cosas, mi familia, amigos... No comprendían por qué me iba para allá por Lupe, cuando ella encima era Argentina. Pensaron que estaba embarazada y que no me animaba a decirlo, o que quería escapar de algo. La realidad, es que la decisión de cambiar la propuesta de trabajar en Alemania y dejar todo e irme con ella no fue fácil. Creo que en mi interior quería estar con Lupe para contagiarme de su `locura´. Lo más raro fue que habíamos estado menos de 30 días juntos", reflexiona Eduardo.

De enamorarse a amarse

Con personalidades opuestas, los primero tiempos no fueron fáciles. Eduardo tuvo que buscar trabajo y aprender a vivir una nueva vida. Ante ellos, también se había planteado el desafío de convivir y conocerse: él, con su organización y preocupación desmedida; ella, con su espontánea simplicidad.

"Tuvimos nuestros altos y bajos. Después de un tiempo, comencé a trabajar y sus amigos pasaron a ser los míos, sus costumbres pasaron a ser mis costumbres, pero en el fondo todavía seguía siendo yo. Así, pasó un año hasta que un día me levanté sintiendo que si me quedaba en Panamá era para radicarme para siempre; entonces comenzaron mis dudas, empecé a extrañar a los afectos, mis costumbres", cuenta Eduardo.

Con cierto miedo, Lupe comprendió su dilema y escuchó lo que él tenía para decirle. El plan de Eduardo era volver primero, conseguir trabajo y que, cuando ya estuviera asentado, ella lo siguiera. Fueron días duros. "Dudábamos que nos volviéramos a ver. Temíamos que pasara mucho tiempo hasta que las condiciones estuvieran dadas; que ya no pensáramos ni sintiéramos igual. Aparte, así como yo había dejado todo antes, ahora era su turno de desprenderse de su presente, algo que no es fácil", recuerda.

Pero Eduardo y Lupe se amaban. Él tardó menos de 3 meses en conseguir todo lo prometido y, tras vender sus cosas y renunciar a su trabajo, ella fue hacia él para comenzar una vida de cero en la Argentina, juntos.

"Después de dos años le pedí que nos casáramos y fue espectacular. Habíamos contratado un lugar en Tigre que tenía una laguna y la decoración para exterior. Ese día llovió como nunca. La banda casi que llegó para el final, los invitados estaban empapados y embarrados; las cosas volvieron a ser diferente a lo planeado, pero salieron aún mejor", recuerda Eduardo, con una sonrisa.

La vida circular

Las cosas fluyeron, pero el ritmo de vida en Buenos Aires resultaba agotador. Eduardo salía muy temprano de su casa y regresaba muy tarde, algo que comenzó a desgastarlo hasta desear encontrar una mejor calidad de vida para él, su mujer y Manuel, el primer hijo de la familia. "Y así, en una charla con un amigo, me comentó que había una búsqueda laboral que coincidía con mi perfil. Resulta que era en Córdoba y, cuando empecé a averiguar más, me dijeron que era en Embalse".

Ya hace 5 años que viven felices en la tierra natal de Lupe, en un lugar que años atrás habían soñado, sin imaginar que estaba tan cerca del primer hogar de la mujer del espíritu libre.

"Gracias a mi amor aprendí a ser más espontáneo y disfrutar de lo simple de la vida; a estar más pendiente de lo que me hace feliz y a ser alguien más auténtico y sincero conmigo mismo”, asegura Eduardo. “Ella, seguramente, también adoptó mucho de lo mío. Lo que estoy seguro, es que ambos nos hemos ayudado a suavizar los vicios de cada uno y a tomar lo bueno del otro. Este es el comienzo de nuestra historia de amor; una con muchos planes para nuestro futuro, muchas cosas para hacer, mucha vida por compartir".

Si querés que la Señorita Heart cuente tu historia de amor en sus columnas, escribile a corazones@lanacion.com.ar

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