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Dioses, demonios y misterio en los templos de Angkor Wat de Camboya

Un recorrido místico por estas milenarias ruinas asiáticas

Domingo 07 de enero de 2018
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El siguiente relato fue enviado a lanacion.com por María Julia Goyena. Si querés compartir tu propia experiencia de viaje inolvidable, podés mandarnos textos de hasta 5000 caracteres y fotos a LNturismo@lanacion.com.ar

Antes que todos existía el Reino de Angkor. Cuando el Reino de Angkor cayó, surgió el Reino de Tailandia, en el siglo XII.

Camboya es anterior y mucho más viejo. Si miro a lo lejos es como si uno presenciara los ciclos de crecimiento y decadencia de los imperios.

Todo lo poderoso en algún momento se viene a abajo.

Ya sé que es una obviedad, pero cuando lo veo con el cuerpo lo veo mejor.

Los templos de Angkor Wat, de Camboya recuerdan a veces a Tikal. Las caras en la piedra aún sonríen. Son cuatro. Originalmente Angkor era hinduista. Pero convive después y para siempre con el budismo.

Las caras, una en cada punto cardinal de la cúpula representan a Vishnu, Shiva, y Brahma. La cuarta es la cara de un monje que estaba cercano a la iluminación. El rey se representó a sí mismo.

Cada templo es la reproducción del mito original. En el centro, la montaña Meru, que es como el monte Olimpo, conecta cielo y tierra.

Cuatro murallas, una por fuera de la otra, con cuatro puertas y finalmente un foso artificial de agua.

Como es en lo grande, es en lo chico y por lo tanto está representado el instante original. Así como también está representando el momento en que semidioses y demonios se organizan para batir un mar de leche y de este modo Vishnu les otorgaba la inmortalidad.

-¿Cómo vamos a batir el mar, durante 2000 años para conseguir la inmortalidad?, preguntaron todos. Y Vishnu contestó: -Con una gran cuchara que es el monte Merú

Al mar finalmente... lo batieron así.

De un lado los demonios, con caras horribles. Del otro lado se pusieron los semidioses con caras amables. (así son los demonios y así son los semidioses).

Naga, la gran serpiente (uno de los cuatro animales sagrados) enrosca su cuerpo alrededor del monte Meru, que a su vez es sostenido por una tortuga enorme (segundo animal sagrado). Y arriba de Meru, está Shiva bailando con el dios Indra sobre su cabeza que es el dios que hace llover.

La cuestión, semidioses y demonios tiran para un lado y para el otro. Cuando unos tiran de un lado los otros acompañan y cuando van hacia el otro lado, los que acompañan son los primeros. Finalmente Vishnu, después de 2000 años, les otorga la inmortalidad y se las da en una tetera.

Pero los demonios se roban la tetera. Y se toman la inmortalidad primero. Pero Vishnu hace aparecer unas bailarinas Apsara que (el guía les decía bailarinas topless) que distraen a los demonios con sus encantos y zas Lakshmi (la diosa que es una vaca, símbolo de la nutrición y abundancia) devuelve la tetera.

Los demonios embobados pierden el control y la inmortalidad llega a los semidioses convirtiéndose en dioses. Y una vez más, la astucia femenina le gana a la fuerza bruta...

Lo que es maravilloso es que el templo despliega todas estas imágenes sincrónica y diacrónicamente. El relato nunca es lineal. Es cíclico. Se reproduce a sí mismo en el mismo instante y simultáneamente.

Las vueltas del tiempo

Por eso es solo la ignorancia la que juzga con la vara de la linealidad. Porque en estas culturas el tiempo es simultáneo y cíclico y lo que es arriba a la vez es abajo.

Cuando entramos al templo se entra por una puerta (este) flanqueada por demonios de un lado y semidioses del otro... Ambos tiran de la serpiente. Del otro lado va a haber, otra puerta (oeste) en donde van a estar también, los demonios y los semidioses tirando...

Cuando llegamos al interior del templo y cruzando de norte a sur, un friso rodea, al principio hinduista femenino y masculino. En este friso se reproduce otra vez la colaboración simultánea de demonios y semidioses.

Si solo nos atenemos a la mirada concreta y solo caminamos entre las piedras no se ve la lectura cósmica del todo.

No es muy asombroso pensar que cuando uno camina estas piedras, sin saberlo y rodeado de gente sacando fotos, hace cuerpo mitos, sin saber.

Nosotros vivimos en un mundo que cuestiona a sus dioses, lo cual personalmente a mí me parece bien cuestionar todo. Pero hubo momentos en que eso era siquiera impensable. Así que ellos los transitaban Y para ellos ya en ese momento había unas viejas y nuevas culturas y ellos eran los fundadores de las nuevas.

¿Vacaciones con un giro inesperado? ¿Una aventura que marcó tu vida? ¿Un encuentro con un personaje memorable? En Turismo, queremos conocer esa gran historia que siempre recordás de un viaje. Y compartirla con la comunidad de lectores-viajeros. Envianos tu relato a LNturismo@lanacion.com.ar. Se sugieren una extensión de 5000 caracteres y, en lo posible, fotos de hasta 3 MB.

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