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Un cambio de planes los cruzó, un beso y otros inconvenientes hicieron el resto

Ella, venía de una relación de 13 años y él, de un viaje transformado en un mal sueño; sus vidas habían sido turbulentas y sus planes eran otros, pero una sucesión de casualidades les guardaba un nuevo destino

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Señorita Heart
Viernes 12 de enero de 2018 • 00:39
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"Cuando el destino de dos personas es estar juntas, se encontrarán siempre en algún lugar del camino". Anónimo

Eugenia

Eugenia, acababa de salir de una relación de 13 años, que incluía una larga convivencia y planes a futuro. Pero detrás de la felicidad aparente, también se escondía un vínculo desgastado, saturado de recuerdos turbios y desengaños. Así, un día, se encontró parada sola y con 29 años, mirando hacia la silueta de un hombre casi extraño, que se alejaba de esa relación que no quería ser.

Soltera casi por primera vez en su vida, era tiempo de aprender a quererse y disfrutar de todo lo que la vida tenía para darle. O, al menos, eso es lo que intentaría. Lo cierto, es que estaba dolida y desorientada, viviendo sensaciones nuevas, que pronto entendería que la harían crecer.

Alfredo

Alfredo, venía de una infancia hermosa, con dos papás del corazón que dieron la vida por él. A los 18 años, perdió a su mamá y, unos 5 años después, en un amargo 24 de diciembre, quién era su ejemplo en la vida, su héroe, también se fue. Desolado, se encontró con 24 años aprendiendo a estar solo en la vida, esforzándose por cumplir con 2 trabajos para poder afrontar todo lo que implicaba su nueva realidad. Sin nada que perder, un día decidió seguir a un “amor”, dejó todo y se fue a vivir a otro país.

Esa experiencia se transformó en una pesadilla que le dejó muchos dolores, muchas desilusiones, pero que lo ayudó a entender lo que quería para su vida… O, más bien, lo que no quería y no volvería a dejar ser.

Un día, dos años después, volvió a la Argentina y decidió volver a empezar.

Hacia Eugenia y Alfredo

No estaban destinados a verse pero, a veces, los pequeños cambios derivan en grandes sucesos.

El 26 de Febrero de 2014, encontró a los protagonistas madurados por la vida, algo escépticos, aunque dispuestos a confiar en el amor. Ese día, él se encontraba "festejando" con unos amigos que las empresas en donde trabajaban habían decidido realizar varios recortes y que ahora eran nuevos desempleados. Uno de ellos, tuvo la idea de ir a un after office en Palermo. Alfredo, que se negó rotundamente, se encontró vencido por el cansancio de la insistencia. "No estoy bien vestido", "No tengo ganas", "Que si me dicen algo en la puerta, doy media vuelta y me voy", fueron de las tantas advertencias que salieron de su boca antes de acceder.

Eugenia, en cambio, tenía pensado ir a una cena con dos amigas. Pero al pasar por la puerta de ese boliche, una de ellas sugirió dejar de lado la comida y entrar.

Ninguno de los dos tiene bien en claro cómo fue que se acercaron o, mejor dicho, cada uno tiene hoy una versión distinta de los hechos. Lo que sí es seguro, es que ellos venían caminando hacía años desde muy lejos, sumidos en sus emociones y espacios en el mundo, para llegar a ese punto en el cual sus miradas se cruzaron hasta reconocerse como almas destinadas, en medio de la vorágine del comienzo de la noche, los altos decibeles y las luces de neón. Entonces, llegó el beso. El Beso, porque están los olvidables, los agradables, los sensuales y los que jamás abandonarán el recuerdo y nos cambian para siempre.

"A partir de ese día, las cosas fueron en ascenso. Yo tenía dos viajes programados, pero al volver del segundo, ya no nos separamos más, me mudé con él, el 24 de diciembre me propuso casamiento y en septiembre del año siguiente nos casamos", cuenta Eugenia, emocionada.

De la turbulencia a la paz de Eugenia y Alfredo

Después de su vida turbulenta, el casamiento no quiso quedarse atrás. Durante el civil, que se llevó a cabo en Avellaneda, el suelo comenzó a temblar. Se trataba de un sismo en Chile que se sintió a tal punto, que hubo pequeños gritos, mareos y desorientación.

La noche de la Iglesia no quiso ser menos. "A los 20 minutos de mi llegada a la Iglesia, se cortó la luz en todo Quilmes. Maratónicamente, la familia y amigos, movieron cielo y tierra para tratar de iluminarla y pidieron que todos buscaran en Spotify la canción que yo quería para la entrada, para hacerla sonar al mismo tiempo y que se sintiera lo suficientemente fuerte. Finalmente, el Sacerdote decidió irse con mi primo a comprar pilas para un grabador y pasar por el salón donde se iba a llevar a cabo la recepción. Allí, hablaron con los dueños, que ya nos estaban esperando con equipos electrógenos, y rápidamente montaron una `Iglesia´ en el parque, con alfombra roja y todo. Los invitados se trasladaron hacia allí y, al final, me llevaron a mí. Después de dos horas, cuando por fin entré y vi a todos esperándome pero, principalmente, a él esperándome en el `altar´... ese fue de los momentos más felices en mi vida", relata Eugenia.

Los centros de mesas y el show previamente pagados, nunca llegaron y, para Eugenia y Alfredo, todo sucedió diferente a lo imaginado. Pero ya sabían mucho de imprevistos en la vida y, para ellos, fue la mejor fiesta que podrían haber soñado.

Hoy, a dos años de su casamiento, pudieron cumplir su mayor anhelo y están esperando un bebé.

"Soy una creída de que las cosas pasan por algo, y que de todo debemos sacar una enseñanza. Pero, sobre todo, y a diferencia de mi pasado, hoy soy una mujer feliz. No pasa un día sin que nos digamos lo que nos amamos y lo importante que somos el uno para el otro", dice Eugenia, emocionada. "La vida quiso que tengamos golpes para finalmente darnos el mejor regalo: el habernos encontrado. Y, en serio, todavía no tenemos muy claro cómo fue que nos conocimos, pero de lo que estamos seguros, es de que fue la mejor decisión de nuestras vidas".

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