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¿Podremos dejar atrás la era de los bolsos?

LA NACION
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Héctor M. Guyot
Sábado 13 de enero de 2018
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Corría la década del 90. Muy suelto de cuerpo, el hombre soltó: "Tenemos que tratar de no robar por lo menos dos años". Un arrebato altruista. Estaba llamando a un sacrificio por la patria y la primera persona del plural acaso era el indicio de que estaba dispuesto a ser el primero en dar el ejemplo. Pero su propuesta no tuvo eco y la cosa fue de mal en peor. Hasta que llegó Néstor y les demostró a todos que a pesar de tener la piel curtida eran apenas aprendices, simples amateurs: ya les enseñaría él cómo se conjuga el verbo que pronto pasaría a ser el deporte nacional. Los muchachos aprendieron. Los bolsos con "físico" crecieron en esta tierra fértil más rápido que la soja. Hoy aparecen allí donde se pone el ojo, como las estrellas en la noche oscura. Es tanto lo robado que no hay donde ponerlo. La era de los bolsos: ese es el nombre de la década perdida.

Deberían haberlo escuchado cuando estaban a tiempo. De haberlo hecho, muchos ex funcionarios kirchneristas y muchos compañeros del sindicalista de la honestidad brutal no estarían ahora sufriendo tantas penurias judiciales. Semana a semana, los pescan no solo con bolsos repletos de billetes, sino también con flotas de autos de alta gama, armas de todo calibre, droga a discreción y hasta zoológicos particulares. No cualquiera alcanza el cielo de los "capomafia", salvo en este país generoso.

Aquella propuesta de dejar de robar no fue una toma de conciencia. La ligereza con la que fue enunciada refleja la impunidad de la que gozaron los gremialistas durante décadas. Ahora, desde esa misma impunidad, casi veinte años después y mientras los jueces destapan las miserias de nuestro sindicalismo vitalicio, Barrionuevo le advierte al Gobierno que no conviene pisarle la cola al león. Le recuerda, además, que los gobiernos que se enfrentaron a los sindicatos terminaron mal. Una amenaza que refleja tanto su fortaleza como su debilidad.

Hay inquietud en los gremios. "Ahora vienen por nosotros", interpretó un líder sindical con el rabo entre las patas, ante la serie de estrepitosas caídas de los últimos tiempos: a Omar "Caballo" Suárez, Juan Pablo "Pata" Medina y Marcelo Balcedo les siguieron esta semana Humberto Monteros y otros 13 sindicalistas de la Uocra de Bahía Blanca, acusados de asociación ilícita y de más de 40 casos de extorsión. Hugo Moyano sumó otros motivos de preocupación: según la UIF, sus hijastros blanquearon más de un millón de dólares de actividades vinculadas al sindicato de camioneros; en tanto, un líder de la barra de Independiente lo acusó de lavado de dinero y saltaron operaciones millonarias entre Camioneros y OCA. También Víctor Santa María fue denunciado por lavado y está en apuros. Con su amenaza, entonces, Barrionuevo defiende su propio pellejo y la preservación de un sistema que le permitió prosperar hasta convertirse en un caballero con aires de bon vivant que no reprime su inclinación a dar consejos. En este caso, al presidente Macri: te conviene aceptar y cubrir este tipo de fechorías si querés evitar el helicóptero.

Mientras, el Gobierno mete en el freezer la reforma laboral. La incertidumbre parece replicarse a ambos lados del mostrador. Es cierto que no se puede impulsar un proyecto así sin una interlocución con los líderes sindicales. Y es cierto también que Cambiemos tiene frente a los gremios la misma dificultad que presenta la oposición política: es difícil saber en quién se puede confiar. O, a secas, es difícil confiar. En este juego de póquer, Macri mide, calcula, y por momentos parece que acepta las reglas que le imponen del otro lado de la mesa. En esto contrasta con Vidal, que es pura convicción. Por eso ella actúa. Su determinación de desmantelar las mafias en la provincia no parece tener dobleces. Ha actuado en forma decidida y valiente contra la corrupción policial, contra los sindicalistas oscuros y contra los intereses del juego. Fue ella la que denunció a Monteros meses atrás, públicamente y con todas las letras. Fue ella la que esta semana, en una ofensiva contra el juego, decidió cerrar tres casinos y licitar la administración de las máquinas tragamonedas. "Si yo hubiera tenido la posibilidad de tomar la decisión de cero, no habría bingos ni casinos en la provincia", dijo, mientras Macri no se decide a tomar distancia de un Angelici. Con actitudes así, no es difícil entender por qué a ella, como a Elisa Carrió, se le cree y punto. Los políticos imprescindibles son aquellos que con su sola presencia ponen de manifiesto la hipocresía de los corruptos.

Buena parte de la sociedad espera el desmantelamiento de las mafias sindicales, empresarias, políticas y judiciales. Solo con la connivencia de estos cuatro sectores se puede llegar a perfeccionar un sistema que ofrece casos de realismo mágico, como los de Balcedo o Monteros. Como dijo el juez Moro, para vencer a las mafias enquistadas es necesario el apoyo activo de la sociedad. Y la sociedad apoyará siempre y cuando perciba en el Gobierno gestos que demuestren un compromiso absoluto con el objetivo de marcar una bisagra en el curso de la historia. Al Gobierno le resultará difícil lograrlo si no comprende esto. Si teje en la arena política pero olvida construir, con hechos y palabras, en el terreno de lo simbólico.

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