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Las utopías de Le Corbusier en la Argentina vuelven a la vida en un film

Con guion de Andrés Duprat, director del Bellas Artes, y dirección de Graciela Taquini, La obra secreta da una visión onírica del arquitecto y celebra la amistad de dos artistas

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LA NACION
Domingo 14 de enero de 2018
Duprat y Taquini resaltan el trabajo en equipo
Duprat y Taquini resaltan el trabajo en equipo. Foto: Gza. prensa
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Un viaje onírico de Le Corbusier a La Plata en pleno siglo XXI. Un arquitecto obsesionado con el célebre maestro suizo. Una serie de visitas guiadas a la imponente casa Curutchet, único proyecto de Le Corbusier construido en América Latina. Son los tres ejes enhebrados en la trama de La obra secreta, ópera prima de Graciela Taquini como directora de cine, con guion de Andrés Duprat, que se estrena el jueves.

Filmado en la emblemática casa Curutchet, que Le Corbusier nunca conoció, el largometraje de una hora de duración combina ficción y un registro documental en un juego de imágenes, testimonios, citas, metáforas y guiños perfectamente ensamblados. Uno de los principales guiños que presenta el film tiene que ver con la casa: proyectada por el arquitecto suizo y construida por los argentinos Amancio Williams, Simón Ungar y Alberto Valdez entre 1948 y 1955, fue el escenario de El hombre de al lado, de Mariano Cohn y Gastón Duprat, productores de La obra secreta, junto con Fernando Sokolowicz. Entre las citas se puede encontrar el afiche de la película protagonizada por Rafael Spregelburd y Daniel Aráoz pegado en una de las paredes internas de la casa. Y, casi al pasar, una escena de esa comedia negra repetida al infinito en las pantallas de los televisores de un local de electrodomésticos.

Hay más, claro. Para anunciar el estreno, por ejemplo, se podría recurrir a la famosa frase "de los creadores de El ciudadano ilustre llega a los cines La obra secreta", una película que también esconde una obra dentro de otra. En este caso, sería más preciso decir una historia dentro de otra y otra: la de la obra de Le Corbusier en La Plata, la del joven arquitecto decepcionado con la profesión y devenido en guía turístico especializado y la de la visita que el suizo nunca realizó. Dice Andrés Duprat: "Es una película coral que articula tres relatos: la confrontación del pensamiento de Le Corbusier con la ciudad y la realidad contemporánea; una serie de visitas guiadas que permiten recorrer y conocer la historia de Le Corbusier y, específicamente, la casa Curutchet; y la pequeña historia de vida del guía de la casa, el ignoto arquitecto Elio Montes, y su extraña relación con el suizo".

Guionista y director del Museo Nacional de Bellas Artes, Duprat contó a LA NACION que después de la experiencia de El hombre de al lado "fue tomando forma la idea de hacer un documental que hiciera foco en la arquitectura de la casa y los postulados de Le Corbusier. Gracias a la gran difusión que tuvo aquella película pudimos constatar que mucha gente en todo el mundo (y, paradójicamente, también en la Argentina, y hasta en La Plata) se asombraba al descubrir esa maravilla arquitectónica de Le Corbusier en el país. Soy un gran admirador y conocedor de su obra, y de esa casa en particular, así que no tuve mayor dificultad en escribir el guion".

Una amistad artística

Licenciada y profesora en Historia del Arte por la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, artista visual y curadora, Taquini debuta como directora de largometraje con La obra secreta. "El proyecto surge por el interés de los hermanos Duprat por Le Corbusier y la casa Curutchet. Conozco a Gastón y a Mariano Cohn desde los años 90, vi en ellos un gran potencial y como curadora de videoarte apoyé su obra en los comienzos. Después, nos transformamos en amigos y compinches. Que hayan pensado en mí para dirigir la película es producto del afecto y la admiración mutua. Detrás del proyecto hay gente muy pensante: un guionista supersólido como Andrés; además, está la originalidad de la estética de Duprat-Cohn, unos creativos que han reinventado formatos audiovisuales en el campo del cine y la televisión, con un criterio experimental que rompe con lo solemne".

Durante el proceso de escritura del guion, Duprat notó que algo faltaba. "Lo que sucedió en esa primera instancia es que, si bien la documentación, la información y el análisis planteados en el guion eran rigurosos e interesantes, a Gastón, a Mariano y a mí no nos resultaba suficientemente interesante el formato clásico del documental. Así que seguimos trabajando, le dimos un giro al guion y conseguimos decir todo lo que queríamos decir y mostrar de esa casa a través de un formato mucho más filoso, crítico, más a tono con nuestro universo de creación", explica. Fue entonces cuando entraron en juego la ficción y la experimentación. "Pensamos en Graciela, a quien conocemos muy bien, al igual que sus trabajos en el campo del videoarte, y la invitamos a sumarse al proyecto". Para Duprat, "el resultado fue inmejorable. No solo por los aportes de Graciela desde la dirección, sino también de Jerónimo Carranza (realización), Mario Chierico (fotografía), Daniel Hendler (actuación) y, por supuesto, de Mariano y Gastón (producción)".

Taquini se propuso "contribuir a atemperar la visión un poco ácida de los personajes de Duprat que suelen no ser empáticos". Su obsesión, reconoce, pasó por "otorgar al protagonista, Elio Montes, diversos matices y complejidades. Es un personaje contradictorio y Hendler logró trasmitir sus obsesiones con una sutileza y una sensibilidad increíble. Es también muy gracioso, con el humor disolvente típico del estilo Duprat-Cohn, que yo adhiero y comparto, y que Hendler potencia. Si detrás de Le Corbusier está Amancio Williams, detrás de toda esta película hay un inmenso trabajo de equipo, en su gran mayoría platense", dice Taquini. Como extras, delante de cámara, aparecen caras conocidas: hay cameos de Andrés Duprat y la propia Taquini.

"Me atrajo mucho, desde el punto de vista conceptual, trabajar un tema que me ha interesado siempre como artista, docente e investigadora: el choque entre la utopía moderna y la realidad globalizada. La visión de Andrés y Gastón, si bien es crítica, rescata cierta fascinación sobre el presente, especialmente con la tecnología o el diseño contemporáneo. Para mí, Le Corbusier representa el dilema entre lo moderno y lo utópico con la realidad actual de la globalización. Tesis y antítesis, y la síntesis es la película. Nada es blanco y negro, y lo que importa es esa obra secreta, escondida, que revela la película. Es una revelación que cabalga en una fábula".

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