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Tras un año en el cargo, ¿qué pasó con las promesas de Donald Trump?

El presidente norteamericano, Donald Trump
El presidente norteamericano, Donald Trump. Foto: AFP
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LA NACION
Sábado 20 de enero de 2018 • 20:30
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Donald Trump hace alarde a menudo de que hizo más en su primer año en la presidenciaque cualquiera de sus predecesores. Pero la realidad no siempre se condice con las palabras del presidente norteamericano. Si bien Trump cumplió algunas de sus promesas de campaña, también matizó muchas de sus opiniones y amenazas que hizo cuando era candidato.

En algunos terrenos el presidente sí fue fiel a lo que prometió: retiró a Estados Unidos del Acuerdo de París y del Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP), realizó una profunda reforma fiscal y avanzó para eliminar el acuerdo nuclear con Irán. Además, en uno de los giros en política exterior más riesgosos de su presidencia, reconoció a Jerusalén como capital de Israel.

Pero un año después de que Trump llegó a la Casa Blanca, otros anuncios, como el muro fronterizo con México, avanzan a paso lento y algunas propuestas chocaron con la justicia como la eliminación del Obamacare. Lo mismo pasó con el freno a la entrada de inmigrantes ilegales a Estados Unidos. Cuáles fueron y en qué estado están las diez principales promesas de Trump:

Construir un muro en la frontera entre Estados Unidos y México para terminar con la inmigración ilegal fue una de las promesas estrella de la campaña presidencial de Trump. En realidad, el plan del presidente es terminar de vallar de punta a punta la frontera de casi 3200 kilómetros que separa a los dos países, porque ya existen 1030 kilómetros intermitentes de vallados.

Por ahora, el proyecto de Trump avanza, aunque a paso lento. El 25 de enero, el presidente emitió un decreto para comenzar la construcción del muro. La última novedad es que el 26 de septiembre se empezaron a construir ocho prototipos del muro en San Diego, California, según anunció el Departamento de Seguridad Nacional. La construcción de los prototipos duró un mes y ahora son evaluados por la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés). El análisis de los prototipos durará varios meses, pero la construcción de la pared real está aún muy lejos.

El septiembre , Trump envió al Congreso un plan de reforma migratoria, en donde reclamaba fondos para construir el muro, algo que rechazaron los demócratas. Aún es incierto de dónde provendrá entonces el financiamiento, ya que México también rechazó pagar los costos del muro, a pesar de las amenazas de Trump.

El jueves pasado, Trump volvió a la carga con su idea de construir el muro y desafió a su jefe de gabinete, John Kelly, que había dicho el miércoles que México no iba pagar por el muro. "El muro es el muro, esa idea nunca cambió desde el día en la que concebí", escribió en Twitter.

"El verdadero cambio comienza con la revocación inmediata y la sustitución del desastre conocido como Obamacare", dijo Trump en la campaña electoral. Con distintas palabras, el presidente criticó reiteradas veces el plan de salud creado en 2010 por su antecesor, Barack Obama.

Luego de meses de intentos frustrados en el Congreso para revocar la reforma sanitaria, por los desacuerdos entre su propio Partido Republicano, Trump firmó un decreto. La orden ejecutiva, del 12 de octubre pasado, permite a las pequeñas empresas y a los individuos contratar seguros de salud más breves y baratos, esquivando las estrictas reglas del Obamacare.

Al día siguiente, la Casa Blanca le dio otro mazazo al plan cuando anunció la eliminación de los subsidios que paga el gobierno a las aseguradoras para financiar el pago de las coberturas a la población de menos recursos. Si las aseguradoras se quedan sin estos subsidios, la consecuencia es que sus pólizas se dispararán y muchas de ellas saldrán de las plataformas de seguros creadas por Obamacare.

Pese a los golpes, el programa sigue vigente y el 1° de noviembre pasado se abrió un nuevo plazo de inscripción para la gente, entre las dudas sobre el futuro del Obamacare.

Trump prometió el "cese completo del ingreso de musulmanes a Estados Unidos". Sin embargo, los planes del presidente chocaron varias veces con la justicia.

Poco tiempo después de asumir, en enero de 2016, Trump firmó un decreto que prohibía durante 90 días la entrada a Estados Unidos a los viajeros de siete países de mayoría musulmana: Irán, Irak, Siria, Sudán, Libia, Yemen y Somalia. El 6 marzo suavizó la orden y en otro decreto excluyó a Irak de la lista por tratarse de un aliado de Estados Unidos en la lucha contra el terrorismo.

Además de desatar fuertes protestas en Estados Unidos, el decreto de Trump fue suspendido en febrero por dos jueces federales que consideraron que no se puede demostrar que los ciudadanos de esos países sean una amenaza para la seguridad simplemente por su nacionalidad.

Mientras apelaba la medida en los tribunales, el gobierno de Trump realizó, en septiembre, una tercera versión del veto que excluyó a Sudán, añadió a Chad y agregó dos países que no tienen mayoría musulmana: Corea del Norte y Venezuela (sólo para los cargos gubernamentales).

Finalmente, el 4 de diciembre pasado, Trump logró su ansiada victoria judicial, luego de que la Corte Suprema autorizó la puesta en marcha de la tercera versión del veto.

"Es el peor acuerdo del mundo". Así calificó Trump al pacto nuclear que firmaron en 2015 las potencias de Occidente con Irán y que frenó el acceso de Teherán a la bomba atómica a cambio del levantamiento gradual de sanciones económicas.

Aunque los primeros pasos de Trump fueron vacilantes, el 13 de octubre pasado el presidente decidió no certificar el acuerdo, como establece la ley. El gobierno debe comunicar al Congreso cada 90 días si Irán cumple las condiciones del pacto. Luego de certificarlo en dos ocasiones desde que asumió su cargo, Trump anticipó que no lo haría de nuevo al vencerse el plazo para la nueva certificación.

La pelota entonces pasó al Congreso que debía trabajar en un proyecto que "remedie los defectos" del pacto y que asegure que Irán no pueda amenazar a Estados Unidos con armas nucleares. Pero el plazo para modificar el acuerdo en el Congreso venció sin que se presenten nuevas medidas y la pelota volvió a Trump, que el 13 de enero pasado prorrogó el acuerdo.

La Casa Blanca aclaró que esta será la última vez que Trump extienda la exención de sanciones a Irán si los países europeos no "ayudan a superar las fallas desastrosas del acuerdo". Habrá que esperar a mayo, cuando vence el próximo plazo, para ver si Trump retira a EE.UU. del pacto como prometió.

Cuando era candidato, Trump prometió deportar a los 11 millones de indocumentados que se calculan que viven en Estados Unidos. Al poco tiempo de ganar las elecciones, en su primera entrevista televisiva , rebajó la cifra y dijo que planeaba deportar, de forma "inminente", a cerca de tres millones de inmigrantes indocumentados que tenían antecedentes delictivos.

Fiel a sus palabras, en febrero el presidente firmó un decreto que abría la puerta a las deportaciones masivas al "limitar extremadamente" las excepciones a las expulsiones y dar más poder los agentes de inmigración.

Trump fue más allá y se enfocó también en los jóvenes. En septiembre pasado, puso fin al programa Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés), que Obama promovió en 2012 para frenar la deportación de unos 800.000 jóvenes indocumentados que llegaron a Estados Unidos de chicos y a los que se conoce como "dreamers" ("soñadores").

Trump dejó el futuro de los "dreamers" en manos del Congreso, que tiene que aprobar una ley que termine de regularizar su estatus. Pero la batalla no terminó allí, ya que el 10 de enero pasado un juez bloqueó con una medida cautelar la eliminación del DACA. Hace tres días, el gobierno anunció que apelará la medida ante la Corte Suprema.

La oposición al libre comercio fue una de las banderas electorales de Trump. El presidente prometió retirar a Estados unidos del tratado con los países del Pacífico (conocido como TPP por sus siglas en inglés) y renegociar el pacto con Canadá y México (NAFTA).

El presidente cumplió ambas promesas. Dos días después de asumir la presidencia, el 22 de enero pasado, Trump firmó un decreto para iniciar la renegociación del NAFTA con México y Canadá. Al día siguiente, firmó otro decreto para retirar a Estados Unidos del TTP.

Las rondas de conversaciones para renegociar el Nafta empezaron en agosto y se van a extender hasta el primer trimestre del año que viene ya que los países no se terminan de poner de acuerdo.

Entre otras cuestiones, Canadá y México protestan porque Estados Unidos busca favorecer a su industria manufacturera automovilística y también proteger algunos productos como los lácteos.

Trump fue muy crítico de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) durante toda la campaña. La tildó de obsoleta y criticó "la falta de compromiso financiero de los aliados". También amenazó con retirar los fondos de Estados Unidos si el resto de países no cumple con sus obligaciones económicas.

Pero el 12 de abril, luego de reunirse con el secretario general del organismo, Jens Stoltenberg, el presidente cambió de parecer y dijo que hacía mucho tiempo se había quejado de que la OTAN no hacía lo suficiente en la lucha contra el terrorismo, pero que eso cambió. "Dije que era obsoleta, pero ya no es más obsoleta", señaló.

Trump no afirmó por qué cambió de opinión, pero los analistas señalan que el presidente tuvo que acercarse a la OTAN después del deterioro con las relaciones con Rusia por la guerra en Siria. Antes de asumir, Trump se había mostrado cercano al presidente ruso, Vladimir Putin, a quien llamó un "líder absoluto".

Trump hizo campaña sobre un plan de reforma tributaria que dejaba una cosa en claro: si ganaba los estadounidenses pagarían menos impuestos y, en consecuencia, sus sueldos serían más altos. El día antes del inicio de las elecciones primarias republicanas, el año pasado, Trump le dijo a la CNN: "Todo el mundo recibiría un recorte de impuestos, especialmente la clase media". También advirtió luego que podría aumentar los impuestos a los más ricos.

El 27 de septiembre,Trump presentó, según sus palabras, "el mayor recorte impositivo en la historia", que finalmente se aprobó en el Congreso el 20 de diciembre. Fue la primera gran victoria legislativa del presidente.

El plan plantea una reducción de impuestos por un volumen de casi 1,5 billones de dólares en diez años. Entre los puntos principales se encuentra una gran reducción del impuesto de las empresas, del 35 al 21%, y una baja de los gravámenes para los más acaudalados.

Para los republicanos, los recortes de impuestos darán un impulso al crecimiento económico del país. Sin embargo, la oposición demócrata y economistas advirtieron que el plan beneficiará al 1% más rico del país, profundizará la desigualdad y ensanchará el déficit fiscal.

El 25 de septiembre de 2016, luego de reunirse por más de una hora en la Trump Tower con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, Trump se comprometió a reconocer a Jerusalén como la "capital indivisible" de Israel si llegaba a la Casa Blanca.

Su promesa la cumplió el 6 de diciembre pasado, cuando dio uno de los giros de política exterior más riesgosos de su presidencia. El anuncio de Trump puso al rojo vivo a Medio Oriente: hubo protestas en varios países del mundo musulmán y, además, alejó las perspectivas de un acuerdo de paz entre israelíes y palestinos.

Ese día, Trump anunció que movería la embajada de Estados Unidos de Tel Aviv a Jerusalén. Aunque algunos funcionarios norteamericanos advirtieron que el proceso de traslado podría durar años, ya que hay alrededor de 1000 personas trabajando en la embajada en Tel Aviv, el miércoles pasado Netanyahu dijo que se realizará este año. Sin embargo, al día siguiente, Trump negó que el traslado se haga antes de fin de este año.

En este aspecto prometió y cumplió. Trump dijo durante la campaña que el Acuerdo de París, al que se comprometieron más de 175 naciones para reducir sus emisiones de carbono a la atmósfera y evitar el incremento de la temperatura global, era injusto para Estados Unidos.

Cuatro meses después de asumir, el presidente anunció la salida del histórico convenio. Desoyendo a la comunidad científica, el presidente dijo que quería renegociar otro favorable para Estados Unidos, "que sea justo para sus trabajadores, contribuyentes y empresas".

"Es hora de poner a Youngstown, Detroit y Pittsburgh por delante de París. No se puede enfrentar a los trabajadores al riesgo de perder sus empleos. No podemos estar en permanente desventaja", dijo.

De todos modos, Estados Unidos recién podría salir del acuerdo en 2020. Según el artículo 28 del pacto, sólo se puede solicitar la retirada tres años después de la entrada en vigor del acuerdo (que fue en noviembre de 2016) y un año después de la notificación por escrito al secretario general de la ONU

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